La leishmaniasis se debe a la infección por protozoos transmitidos por vectores del género Leishmania. Estos protozoos existen como parásitos intracelulares obligados en huéspedes humanos y mamíferos y se transmiten de huésped a huésped por ciertas especies de flebótomos. Dependiendo de la especie de Leishmania involucrada, el cuadro de enfermedad resultante puede variar desde una úlcera cutánea localizada a través de la destrucción mucocutánea extensa hasta una enfermedad sistémica grave.